Alla x el 17 de abril escribi...algo acerca de mi Primer Maraton...el 2do objetivo del año...Rosario. Y luego de 3 años de haber empezado a correr...sigo aprendiendo...a escuchar mi cuerpo, que justamente en el afan de seguir entrenando lo deje olvidado.
Aparecio la famosa periostitis...maldita lesion! de la cual ya escribi...
Algo lei q los enemigos de un corredor son 3: "Los coches, los perros y los medicos"...ay sino cuando frente a una lesion sus palabras son.."deje de correr"...ehh?? usted esta loco!
Y cuando aparece la lesion...conlleva a parar...y es obvio q cuando paramos es cuando ya llegamos al limite!
Si en algun momento se demuestra la fortaleza de un corredor...no es cuando supera el famoso muro de los 30, sino cuando ve pasar ante el los dias sin poder calzarse las zapatillas y salir a correr...
Todos somos concientes de que la liberacion de endorfinas genera una adiccion y que , en consecuencia, estamos deseando volver a salir para reencontrar esa sensacion placentera.
En fin...mi desafio del Primer Maraton...va a ser postergado...quien sabe para Octubre en mi Bs As querida!!
Mas alla de los contratiempos a nivel fisico...y personal...seguire corriendo...xq correr me hace ser libre!
miércoles, 21 de mayo de 2008
Acerca del entrenador...
Es un lugar común hablar de la sobre exigencia como factor fundamental de la deserción en el deporte y sin embargo no es un lugar común hablar de la falta de exigencia como motivo de deserción en el deporte.
Es verdad que la sobre exigencia produce estragos, ahora bien, me pregunto cuándo la exigencia se torna sobre exigencia?.
La sobre exigencia es un exceso en las posibilidades físicas y psíquicas del niño o del joven deportista. Se va más allá de lo soportable y entonces comienza un padecimiento físico y psíquico que puede terminar en lesiones o en enfermedades psíquicas y físicas que llevan a la deserción. Obviamente no es el objetivo buscado. ¿Dónde está el error? ¿Quién es responsable por ese error?
Sin duda la responsabilidad de estos excesos recae en el entrenador ya que es quien tiene la responsabilidad de trazar objetivos y un plan de trabajo para lograrlos. Es decir, formar al deportista.
El entrenador sobre exige cuando:
plantea objetivos que no están al alcance del deportista
cuando no tiene en claro la resistencia al entrenamiento de cada uno
cuando intenta suplir calidad de entrenamiento con cantidad.
Hay un desconocimiento devastador en la sobre exigencia. Se desconoce la singularidad del deportista. Se cae en el error de pensarlos a todos iguales y trazar por tanto los mismos objetivos y las mismas exigencias. Igual formación para todos. Piezas de una maquinaria construida a priori, donde el niño o el joven, no importa quien, debe encajar y si no cumple, no sirve. Todos en relación a una misma meta, a un mismo ideal, a un mismo esfuerzo. La cosa se vuelve excesiva, agotadora y sólo queda amoldarse a un rígido pedido de "cada vez más", un mandato "superyoico" que empuja al exceso, al desgano, al agotamiento físico y al desvanecimiento del deseo de la practica de tal deporte.
En la otra punta, se encuentra el entrenador de la no-exigencia.
Ahora bien, mi hipótesis es que el entrenador que cree no exigir nada sin embargo exige y es también causa de deserción en el deporte.
¿Qué exige el entrenador de la no-exigencia?. Esta vez el mandato "superyoico" dice: Se debe:
no tomar la cosa en serio
no tomarse enserio a sí mismos
no creer en sí mismos
soportar que su entrenador no crea en ellos
no tener la superación como meta
no tener ideales
no disfrutar del triunfo
conformarse al "todos iguales", a la masificación, a la práctica del deporte "sólo" por diversión, es decir, sin que nada les vaya en eso.
no implicarse subjetivamente.
Bajo este mandato, el deporte se convierte en una práctica ajena a las posibilidades físicas y psíquicas, a los sueños e ideales de cada uno, a la creencia en sí mismos y en el otro (entrenador) y los otros (compañeros de equipo); es decir, en una práctica enajenante que no tendría un lugar diferente al de "otras diversiones" como, por ejemplo, ir a bailar. Allí no se compite, no hay un compromiso subjetivo, no se trabaja con relación a un objetivo, no hay metas, todos iguales al compás de la música, nada de la singularidad, nada de la belleza de ir en la búsqueda de una verdad, nada de los valores de cada uno puestos a prueba en cada competencia.
Si el entrenador plantea como objetivo la diversión y no la superación y el deseo de ganar, está exigiendo no esperar nada de la práctica deportiva, está exigiendo no comprometerse en eso, está exigiendo el olvido de sí mismo, la enajenación, la masificación. Es decir, adaptarse a la falta de ideales de una sociedad que ha dejado de ser individualista para convertirse en una sociedad masificadora, que reniega del individuo, del sujeto en su particularidad, borrándolo en un aplastante "todos iguales", ignorados, anónimos, globalizados. Se exige en definitiva renegar del fuego sagrado, renegar de dar lo mejor, lo más bello de cada uno.
Ahora bien, esta exigencia que suele presentarse bajo la máscara de la no exigencia es tan brutal como la sobre exigencia y produce el mismo desgano, agotamiento y deserción.
En los dos casos se desconoce al sujeto. Se lo aplasta ya sea en la sobre exigencia ajena a las posibilidades de tal niño o joven deportista o en la no-exigencia que lo desconoce como un niño o un joven capaz de superarse en la destreza de tal deporte, un niño o un joven con deseos de ganar, de realizar un esfuerzo gratificante en pos de un sueño, de creer en él mismo, de creer en su entrenador y en sus compañeros de equipo, de tomarse en serio, de querer ser tomado en serio, de ir adelante con un proyecto de vida en relación a una práctica deportiva.
En definitiva el entrenador de la no exigencia no cree en el deporte como un modo de vida, sino que concibe al deporte como algo totalmente ajeno al sujeto que debe ser practicado sin implicarse en ello, sin estar comprometido en esa práctica.
Tanto la sobre exigencia como la no exigencia, dejan de lado a "cada sujeto en su formación deportiva" y es en este dejar de lado a cada sujeto, es decir excluirlo, lo que produce luego como respuesta la auto exclusión conocida como deserción. Entiendo que la deserción en la niñez o en la juventud del deportista es, en muchos casos, una respuesta del individuo a la exclusión que su entrenador hizo de él, de sus expectativas, de sus posibilidades, de su capacidad, de sus sueños, de su compromiso, de sus ganas ya sea por el lado de la sobre exigencia, o por el lado de la "no exigencia".
Es verdad que la sobre exigencia produce estragos, ahora bien, me pregunto cuándo la exigencia se torna sobre exigencia?.
La sobre exigencia es un exceso en las posibilidades físicas y psíquicas del niño o del joven deportista. Se va más allá de lo soportable y entonces comienza un padecimiento físico y psíquico que puede terminar en lesiones o en enfermedades psíquicas y físicas que llevan a la deserción. Obviamente no es el objetivo buscado. ¿Dónde está el error? ¿Quién es responsable por ese error?
Sin duda la responsabilidad de estos excesos recae en el entrenador ya que es quien tiene la responsabilidad de trazar objetivos y un plan de trabajo para lograrlos. Es decir, formar al deportista.
El entrenador sobre exige cuando:
plantea objetivos que no están al alcance del deportista
cuando no tiene en claro la resistencia al entrenamiento de cada uno
cuando intenta suplir calidad de entrenamiento con cantidad.
Hay un desconocimiento devastador en la sobre exigencia. Se desconoce la singularidad del deportista. Se cae en el error de pensarlos a todos iguales y trazar por tanto los mismos objetivos y las mismas exigencias. Igual formación para todos. Piezas de una maquinaria construida a priori, donde el niño o el joven, no importa quien, debe encajar y si no cumple, no sirve. Todos en relación a una misma meta, a un mismo ideal, a un mismo esfuerzo. La cosa se vuelve excesiva, agotadora y sólo queda amoldarse a un rígido pedido de "cada vez más", un mandato "superyoico" que empuja al exceso, al desgano, al agotamiento físico y al desvanecimiento del deseo de la practica de tal deporte.
En la otra punta, se encuentra el entrenador de la no-exigencia.
Ahora bien, mi hipótesis es que el entrenador que cree no exigir nada sin embargo exige y es también causa de deserción en el deporte.
¿Qué exige el entrenador de la no-exigencia?. Esta vez el mandato "superyoico" dice: Se debe:
no tomar la cosa en serio
no tomarse enserio a sí mismos
no creer en sí mismos
soportar que su entrenador no crea en ellos
no tener la superación como meta
no tener ideales
no disfrutar del triunfo
conformarse al "todos iguales", a la masificación, a la práctica del deporte "sólo" por diversión, es decir, sin que nada les vaya en eso.
no implicarse subjetivamente.
Bajo este mandato, el deporte se convierte en una práctica ajena a las posibilidades físicas y psíquicas, a los sueños e ideales de cada uno, a la creencia en sí mismos y en el otro (entrenador) y los otros (compañeros de equipo); es decir, en una práctica enajenante que no tendría un lugar diferente al de "otras diversiones" como, por ejemplo, ir a bailar. Allí no se compite, no hay un compromiso subjetivo, no se trabaja con relación a un objetivo, no hay metas, todos iguales al compás de la música, nada de la singularidad, nada de la belleza de ir en la búsqueda de una verdad, nada de los valores de cada uno puestos a prueba en cada competencia.
Si el entrenador plantea como objetivo la diversión y no la superación y el deseo de ganar, está exigiendo no esperar nada de la práctica deportiva, está exigiendo no comprometerse en eso, está exigiendo el olvido de sí mismo, la enajenación, la masificación. Es decir, adaptarse a la falta de ideales de una sociedad que ha dejado de ser individualista para convertirse en una sociedad masificadora, que reniega del individuo, del sujeto en su particularidad, borrándolo en un aplastante "todos iguales", ignorados, anónimos, globalizados. Se exige en definitiva renegar del fuego sagrado, renegar de dar lo mejor, lo más bello de cada uno.
Ahora bien, esta exigencia que suele presentarse bajo la máscara de la no exigencia es tan brutal como la sobre exigencia y produce el mismo desgano, agotamiento y deserción.
En los dos casos se desconoce al sujeto. Se lo aplasta ya sea en la sobre exigencia ajena a las posibilidades de tal niño o joven deportista o en la no-exigencia que lo desconoce como un niño o un joven capaz de superarse en la destreza de tal deporte, un niño o un joven con deseos de ganar, de realizar un esfuerzo gratificante en pos de un sueño, de creer en él mismo, de creer en su entrenador y en sus compañeros de equipo, de tomarse en serio, de querer ser tomado en serio, de ir adelante con un proyecto de vida en relación a una práctica deportiva.
En definitiva el entrenador de la no exigencia no cree en el deporte como un modo de vida, sino que concibe al deporte como algo totalmente ajeno al sujeto que debe ser practicado sin implicarse en ello, sin estar comprometido en esa práctica.
Tanto la sobre exigencia como la no exigencia, dejan de lado a "cada sujeto en su formación deportiva" y es en este dejar de lado a cada sujeto, es decir excluirlo, lo que produce luego como respuesta la auto exclusión conocida como deserción. Entiendo que la deserción en la niñez o en la juventud del deportista es, en muchos casos, una respuesta del individuo a la exclusión que su entrenador hizo de él, de sus expectativas, de sus posibilidades, de su capacidad, de sus sueños, de su compromiso, de sus ganas ya sea por el lado de la sobre exigencia, o por el lado de la "no exigencia".
domingo, 4 de mayo de 2008
Esos locos que corren...Nosotros?
Yo los conozco.Los he visto muchas veces.
Son raros.
Algunos salen temprano a la mañana y se empeñan en ganarle al sol.Otros se insolan al mediodía, se cansan a la tarde o intentan que no los atropelle un camión por la noche.
Están locos.
En verano corren, trotan, transpiran, se deshidratan y finalmente se cansan… sólo para disfrutar del descanso.En invierno se tapan, se abrigan, se quejan, se enfrían, se resfrían y dejan que la lluvia les moje la cara.Yo los he visto.Pasan rápido por la rambla, despacio entre los árboles, serpentean caminos de tierra, trepan cuestas empedradas, trotan en la banquina de una carretera perdida, esquivan olas en la playa, cruzan puentes de madera, pisan hojas secas, suben cerros, saltan charcos, atraviesan parques, se molestan con los autos que no frenan, disparan de un perro y corren, corren y corren.
Escuchan música que acompaña el ritmo de sus piernas, escuchan a los horneros y a las gaviotas, escuchan sus latidos y su propia respiración, miran hacia delante, miran sus pies, huelen el viento que pasó por los eucaliptos, la brisa que salió de los naranjos, respiran el aire que llega de los pinos y entreparan cuando pasan frente a los jazmines.
Yo los he visto.
No están bien de la cabeza.
Usan championes (*) con aire y zapatillas de marca, corren descalzos o gastan calzados. Traspiran camisetas, calzan gorras y miden una y otra vez su propio tiempo.Están tratando de ganarle a alguien.Trotan con el cuerpo flojo, pasan a la del perro blanco, pican después de la columna, buscan una canilla para refrescarse… y siguen.Se inscriben en todas las carreras… pero no ganan ninguna.
Empiezan a correrla en la noche anterior, sueñan que trotan y a la mañana se levantan como niños en Día de Reyes.
Han preparado la ropa que descansa sobre una silla, como lo hacían en su infancia en víspera de vacaciones.
El día antes de la carrera comen pastas y no toman alcohol, pero se premian con descaro y con asado apenas termina la competencia.Nunca pude calcularles la edad pero seguramente tienen entre 15 y 85 años.
Son hombres y mujeres.
No están bien.
Se anotan en carreras de ocho o diez kilómetros y antes de empezar saben que no podrán ganar aunque falten todos los demás.Estrenan ansiedad en cada salida y unos minutos antes de la largada necesitan ir al baño.Ajustan su cronómetro y tratan de ubicar a los cuatro o cinco a los que hay que ganarles.Son sus referencias de carrera: "Cinco que corren parecido a mí".Ganarle a uno solo de ellos será suficiente para dormir a la noche con una sonrisa.Disfrutan cuando pasan a otro corredor… pero lo alientan, le dicen que falta poco y le piden que no afloje.Preguntan por el puesto de hidratación y se enojan porque no aparece.Están locos, ellos saben que en sus casas tienen el agua que quieran, sin esperar que se la entregue un niño que levanta un vaso cuando pasan.Se quejan del sol que los mata o de la lluvia que no los deja ver.
Están mal, ellos saben que allí cerca está la sombra de un sauce o el resguardo de un alero.No las preparan… pero tienen todas las excusas para el momento en que llegan a la meta.No las preparan…son parte de ellos.El viento en contra, no corría una gota de aire, el calzado nuevo, el circuito mal medido, los que largan caminando adelante y no te dejan pasar, el cumpleaños que fuimos anoche, la llaga en el pie derecho de la costura de la media nueva, la rodilla que me volvió a traicionar, arranqué demasiado rápido, no dieron agua, al llegar iba a picar pero no quise.
Disfrutan al largar, disfrutan al correr y cuando llegan disfrutan de levantar los brazos porque dicen que lo han conseguido.¡Qué ganaron una vez más!No se dieron cuenta de que apenas si perdieron con un centenar o un millar de personas… pero insisten con que volvieron a ganar.
Son raros.
Se inventan una meta en cada carrera.Se ganan a sí mismos, a los que insisten en mirarlos desde la vereda, a los que los miran por televisión y a los que ni siquiera saben que hay locos que corren.Les tiemblan las manos cuando se pinchan la ropa al colocarse el número, simplemente por que no están bien.Los he visto pasar.Les duelen las piernas, se acalambran, les cuesta respirar, tienen puntadas en el costado… pero siguen.A medida que avanzan en la carrera los músculos sufren más y más, la cara se les desfigura, la transpiración corre por sus caras, las puntadas empiezan a repetirse y dos kilómetros antes de la llegada comienzan a preguntarse que están haciendo allí.¿Por qué no ser uno de los cuerdos que aplauden desde la vereda?
Están locos.
Yo los conozco bien.
Cuando llegan se abrazan de su mujer o de su esposo que disimulan a puro amor la transpiración en su cara y en su cuerpo.Los esperan sus hijos y hasta algún nieto o algún abuelo les pega un grito solidario cuando atraviesan la meta.Llevan un cartel en la frente que apaga y prende que dice "Llegué -Tarea Cumplida".Apenas llegan toman agua y se mojan la cabeza, se tiran en el pasto a reponerse pero se paran enseguida porque lo saludan los que llegaron antes.Se vuelven a tirar y otra vez se paran porque van a saludar a los que llegan después que ellos.Intentan tirar una pared con las dos manos, suben su pierna desde el tobillo, abrazan a otro loco que llega más transpirado que ellos.Los he visto muchas veces.
Están mal de la cabeza.
Miran con cariño y sin lástima al que llega diez minutos después, respetan al último y al penúltimo porque dicen que son respetados por el primero y por el segundo.Disfrutan de los aplausos aunque vengan cerrando la marcha ganándole solamente a la ambulancia o al tipo de la moto.Se agrupan por equipos y viajan 200 kilómetros para correr 10.Compran todas las fotos que les sacan y no advierten que son iguales a las de la carrera anterior.Cuelgan sus medallas en lugares de la casa en que la visita pueda verlas y tengan que preguntar.
Están mal.-Esta es del mes pasado- dicen tratando de usar su tono más humilde.-Esta es la primera que gané- dicen omitiendo informar que esa se la entregaban a todos, incluyendo al que llegaba último y al inspector de tránsito.Dos días después de la carrera ya están tempranito saltando charcos, subiendo cordones, braceando rítmicamente, saludando ciclistas, golpeando las palmas de las manos de los colegas que se cruzan.Dicen que pocas personas por estos tiempos son capaces de estar solos -consigo mismo- una hora por día.Dicen que los pescadores, los nadadores y algunos más.Dicen que la gente no se banca tanto silencio.Dicen que ellos lo disfrutan.Dicen que proyectan y hacen balances, que se arrepienten y se congratulan, se cuestionan, preparan sus días mientras corren y conversan sin miedos con ellos mismos.Dicen que el resto busca excusas para estar siempre acompañado.
Están mal de la cabeza.
Yo los he visto.Algunos solo caminan… pero un día… cuando nadie los mira, se animan y trotan un poquito.En unos meses empezarán a transformarse y quedarán tan locos como ellos.Estiran, se miran, giran, respiran, suspiran y se tiran.Pican, frenan y vuelven a picar.Me parece que quieren ganarle a la muerte.Ellos dicen que quieren ganarle a la vida.
Están completamente locos.
Marciano DuránMarzo 2008
Son raros.
Algunos salen temprano a la mañana y se empeñan en ganarle al sol.Otros se insolan al mediodía, se cansan a la tarde o intentan que no los atropelle un camión por la noche.
Están locos.
En verano corren, trotan, transpiran, se deshidratan y finalmente se cansan… sólo para disfrutar del descanso.En invierno se tapan, se abrigan, se quejan, se enfrían, se resfrían y dejan que la lluvia les moje la cara.Yo los he visto.Pasan rápido por la rambla, despacio entre los árboles, serpentean caminos de tierra, trepan cuestas empedradas, trotan en la banquina de una carretera perdida, esquivan olas en la playa, cruzan puentes de madera, pisan hojas secas, suben cerros, saltan charcos, atraviesan parques, se molestan con los autos que no frenan, disparan de un perro y corren, corren y corren.
Escuchan música que acompaña el ritmo de sus piernas, escuchan a los horneros y a las gaviotas, escuchan sus latidos y su propia respiración, miran hacia delante, miran sus pies, huelen el viento que pasó por los eucaliptos, la brisa que salió de los naranjos, respiran el aire que llega de los pinos y entreparan cuando pasan frente a los jazmines.
Yo los he visto.
No están bien de la cabeza.
Usan championes (*) con aire y zapatillas de marca, corren descalzos o gastan calzados. Traspiran camisetas, calzan gorras y miden una y otra vez su propio tiempo.Están tratando de ganarle a alguien.Trotan con el cuerpo flojo, pasan a la del perro blanco, pican después de la columna, buscan una canilla para refrescarse… y siguen.Se inscriben en todas las carreras… pero no ganan ninguna.
Empiezan a correrla en la noche anterior, sueñan que trotan y a la mañana se levantan como niños en Día de Reyes.
Han preparado la ropa que descansa sobre una silla, como lo hacían en su infancia en víspera de vacaciones.
El día antes de la carrera comen pastas y no toman alcohol, pero se premian con descaro y con asado apenas termina la competencia.Nunca pude calcularles la edad pero seguramente tienen entre 15 y 85 años.
Son hombres y mujeres.
No están bien.
Se anotan en carreras de ocho o diez kilómetros y antes de empezar saben que no podrán ganar aunque falten todos los demás.Estrenan ansiedad en cada salida y unos minutos antes de la largada necesitan ir al baño.Ajustan su cronómetro y tratan de ubicar a los cuatro o cinco a los que hay que ganarles.Son sus referencias de carrera: "Cinco que corren parecido a mí".Ganarle a uno solo de ellos será suficiente para dormir a la noche con una sonrisa.Disfrutan cuando pasan a otro corredor… pero lo alientan, le dicen que falta poco y le piden que no afloje.Preguntan por el puesto de hidratación y se enojan porque no aparece.Están locos, ellos saben que en sus casas tienen el agua que quieran, sin esperar que se la entregue un niño que levanta un vaso cuando pasan.Se quejan del sol que los mata o de la lluvia que no los deja ver.
Están mal, ellos saben que allí cerca está la sombra de un sauce o el resguardo de un alero.No las preparan… pero tienen todas las excusas para el momento en que llegan a la meta.No las preparan…son parte de ellos.El viento en contra, no corría una gota de aire, el calzado nuevo, el circuito mal medido, los que largan caminando adelante y no te dejan pasar, el cumpleaños que fuimos anoche, la llaga en el pie derecho de la costura de la media nueva, la rodilla que me volvió a traicionar, arranqué demasiado rápido, no dieron agua, al llegar iba a picar pero no quise.
Disfrutan al largar, disfrutan al correr y cuando llegan disfrutan de levantar los brazos porque dicen que lo han conseguido.¡Qué ganaron una vez más!No se dieron cuenta de que apenas si perdieron con un centenar o un millar de personas… pero insisten con que volvieron a ganar.
Son raros.
Se inventan una meta en cada carrera.Se ganan a sí mismos, a los que insisten en mirarlos desde la vereda, a los que los miran por televisión y a los que ni siquiera saben que hay locos que corren.Les tiemblan las manos cuando se pinchan la ropa al colocarse el número, simplemente por que no están bien.Los he visto pasar.Les duelen las piernas, se acalambran, les cuesta respirar, tienen puntadas en el costado… pero siguen.A medida que avanzan en la carrera los músculos sufren más y más, la cara se les desfigura, la transpiración corre por sus caras, las puntadas empiezan a repetirse y dos kilómetros antes de la llegada comienzan a preguntarse que están haciendo allí.¿Por qué no ser uno de los cuerdos que aplauden desde la vereda?
Están locos.
Yo los conozco bien.
Cuando llegan se abrazan de su mujer o de su esposo que disimulan a puro amor la transpiración en su cara y en su cuerpo.Los esperan sus hijos y hasta algún nieto o algún abuelo les pega un grito solidario cuando atraviesan la meta.Llevan un cartel en la frente que apaga y prende que dice "Llegué -Tarea Cumplida".Apenas llegan toman agua y se mojan la cabeza, se tiran en el pasto a reponerse pero se paran enseguida porque lo saludan los que llegaron antes.Se vuelven a tirar y otra vez se paran porque van a saludar a los que llegan después que ellos.Intentan tirar una pared con las dos manos, suben su pierna desde el tobillo, abrazan a otro loco que llega más transpirado que ellos.Los he visto muchas veces.
Están mal de la cabeza.
Miran con cariño y sin lástima al que llega diez minutos después, respetan al último y al penúltimo porque dicen que son respetados por el primero y por el segundo.Disfrutan de los aplausos aunque vengan cerrando la marcha ganándole solamente a la ambulancia o al tipo de la moto.Se agrupan por equipos y viajan 200 kilómetros para correr 10.Compran todas las fotos que les sacan y no advierten que son iguales a las de la carrera anterior.Cuelgan sus medallas en lugares de la casa en que la visita pueda verlas y tengan que preguntar.
Están mal.-Esta es del mes pasado- dicen tratando de usar su tono más humilde.-Esta es la primera que gané- dicen omitiendo informar que esa se la entregaban a todos, incluyendo al que llegaba último y al inspector de tránsito.Dos días después de la carrera ya están tempranito saltando charcos, subiendo cordones, braceando rítmicamente, saludando ciclistas, golpeando las palmas de las manos de los colegas que se cruzan.Dicen que pocas personas por estos tiempos son capaces de estar solos -consigo mismo- una hora por día.Dicen que los pescadores, los nadadores y algunos más.Dicen que la gente no se banca tanto silencio.Dicen que ellos lo disfrutan.Dicen que proyectan y hacen balances, que se arrepienten y se congratulan, se cuestionan, preparan sus días mientras corren y conversan sin miedos con ellos mismos.Dicen que el resto busca excusas para estar siempre acompañado.
Están mal de la cabeza.
Yo los he visto.Algunos solo caminan… pero un día… cuando nadie los mira, se animan y trotan un poquito.En unos meses empezarán a transformarse y quedarán tan locos como ellos.Estiran, se miran, giran, respiran, suspiran y se tiran.Pican, frenan y vuelven a picar.Me parece que quieren ganarle a la muerte.Ellos dicen que quieren ganarle a la vida.
Están completamente locos.
Marciano DuránMarzo 2008
sábado, 3 de mayo de 2008
La euforia del corredor
***Gracias Dra Marian***
La euforia del corredor: todos los atletas han oído hablar de ella; la mayoría parece creer en ella y muchos dicen haberla experimentado. Pero durante años los científicos se han reservado el juicio porque ninguna prueba rigurosa confirmaba su existencia. Sí, algunas personas afirmaban haberse sentido tan bien cuando hacían ejercicio que era como si hubieran tomado psicotrópicos. Pero ¿esa sensación era real o sólo una ilusión? E incluso si era real, ¿qué se supone que era esa sensación y qué la causaba? La hipótesis de la euforia proponía que había efectos bioquímicos reales del ejercicio en el cerebro. Los neuroquímicos liberados eran endorfinas, los opiáceos naturales del cerebro. Correr no era la única forma de sentirse así; también ocurriría con la mayoría de los ejercicios intensos o de resistencia. El problema con esta hipótesis era que resultaba imposible hacer una punción lumbar antes y después de que alguien hiciera ejercicio para verificar si había un flujo de endorfinas hacia el cerebro. Los investigadores detectaban endorfinas en la sangre después de que las personas corrieran, pero no podían viajar de la sangre al cerebro, de modo que durante más de 30 años la euforia del corredor siguió siendo sólo una hipótesis. Pero ahora se puede ofrecer la respuesta. Utilizando avances en neurociencias, un grupo de investigadores alemanes informa en la última edición de Cerebral Cortex que la creencia popular es verdad: correr, sí, estimula un torrente de endorfinas en el cerebro. Las endorfinas están asociadas con cambios de ánimo, y cuantas más endorfinas bombea el cuerpo de un corredor, mayor es el efecto. Importantes investigadores de las endorfinas no asociados con el estudio dijeron que aceptaban estos hallazgos. "Es impresionante", dijo el doctor Solomon Snyder, profesor de neurociencias de la Universidad Johns Hopkins y uno de los descubridores de las endorfinas en 1970. "Me gusta", dijo Huda Akil, profesor de neurociencias de la Universidad de Michigan. Para los atletas, el estudio ofrece una suerte de reivindicación y están abriendo un nuevo capítulo de las ciencias del deporte. Muestran que es posible definir y medir la euforia del corredor, y que sería posible entender qué la produce. El investigador principal del nuevo estudio, el doctor Henning Boecker, de la Universidad de Bonn, dijo que obtuvo la idea de probar la hipótesis de la endorfina cuando se dio cuenta de que los métodos que él y otros estaban utilizando para estudiar el dolor podían aplicarse a este problema. Boecker y colegas reclutaron a 10 corredores de fondo y les hicieron una tomografía antes y después de una carrera de dos horas, y les aplicaron un test psicológico habitual para detectar el estado anímico. Los datos mostraron que las endorfinas eran producidas durante la carrera y que se unían a zonas del cerebro asociadas con las emociones, en particular las áreas límbicas y prefrontales. Son las mismas que intervienen en el amor romántico o "cuando uno escucha una música que le da euforia, como el Concierto de Piano N° 3 de Rachmaninoff". "Algunas personas tienen experiencias extremas", dijo Boecker, que afirmó que se siente completamente relajado después de correr o andar en bicicleta. "Uno realmente podía ver la diferencia en la cara de las personas que intervinieron en el estudio después de dos horas de correr", agregó. http://www.lanacion.com.ar/cienciasalud/nota.asp?nota_id=999238
La euforia del corredor: todos los atletas han oído hablar de ella; la mayoría parece creer en ella y muchos dicen haberla experimentado. Pero durante años los científicos se han reservado el juicio porque ninguna prueba rigurosa confirmaba su existencia. Sí, algunas personas afirmaban haberse sentido tan bien cuando hacían ejercicio que era como si hubieran tomado psicotrópicos. Pero ¿esa sensación era real o sólo una ilusión? E incluso si era real, ¿qué se supone que era esa sensación y qué la causaba? La hipótesis de la euforia proponía que había efectos bioquímicos reales del ejercicio en el cerebro. Los neuroquímicos liberados eran endorfinas, los opiáceos naturales del cerebro. Correr no era la única forma de sentirse así; también ocurriría con la mayoría de los ejercicios intensos o de resistencia. El problema con esta hipótesis era que resultaba imposible hacer una punción lumbar antes y después de que alguien hiciera ejercicio para verificar si había un flujo de endorfinas hacia el cerebro. Los investigadores detectaban endorfinas en la sangre después de que las personas corrieran, pero no podían viajar de la sangre al cerebro, de modo que durante más de 30 años la euforia del corredor siguió siendo sólo una hipótesis. Pero ahora se puede ofrecer la respuesta. Utilizando avances en neurociencias, un grupo de investigadores alemanes informa en la última edición de Cerebral Cortex que la creencia popular es verdad: correr, sí, estimula un torrente de endorfinas en el cerebro. Las endorfinas están asociadas con cambios de ánimo, y cuantas más endorfinas bombea el cuerpo de un corredor, mayor es el efecto. Importantes investigadores de las endorfinas no asociados con el estudio dijeron que aceptaban estos hallazgos. "Es impresionante", dijo el doctor Solomon Snyder, profesor de neurociencias de la Universidad Johns Hopkins y uno de los descubridores de las endorfinas en 1970. "Me gusta", dijo Huda Akil, profesor de neurociencias de la Universidad de Michigan. Para los atletas, el estudio ofrece una suerte de reivindicación y están abriendo un nuevo capítulo de las ciencias del deporte. Muestran que es posible definir y medir la euforia del corredor, y que sería posible entender qué la produce. El investigador principal del nuevo estudio, el doctor Henning Boecker, de la Universidad de Bonn, dijo que obtuvo la idea de probar la hipótesis de la endorfina cuando se dio cuenta de que los métodos que él y otros estaban utilizando para estudiar el dolor podían aplicarse a este problema. Boecker y colegas reclutaron a 10 corredores de fondo y les hicieron una tomografía antes y después de una carrera de dos horas, y les aplicaron un test psicológico habitual para detectar el estado anímico. Los datos mostraron que las endorfinas eran producidas durante la carrera y que se unían a zonas del cerebro asociadas con las emociones, en particular las áreas límbicas y prefrontales. Son las mismas que intervienen en el amor romántico o "cuando uno escucha una música que le da euforia, como el Concierto de Piano N° 3 de Rachmaninoff". "Algunas personas tienen experiencias extremas", dijo Boecker, que afirmó que se siente completamente relajado después de correr o andar en bicicleta. "Uno realmente podía ver la diferencia en la cara de las personas que intervinieron en el estudio después de dos horas de correr", agregó. http://www.lanacion.com.ar/cienciasalud/nota.asp?nota_id=999238
jueves, 1 de mayo de 2008
Correr en Femenino
Hace algunos años una mujer fue la vencedora en una prueba de ultrafondo disputada en Estados Unidos. Las mujeres tienes trazos fisiológicos que le dan ventaja respecto al hombre a la hora de afrontar una carrera de largo aliento. ¿Cuáles son?
Los hombres más rápidos corren más que las mujeres más rápidas, esto es evidente. Para corroborarlo, sólo hay que mirar la tabla de los récords en distancias que van desde los 100 metros hasta los 100 kilómetros. Pero fisiológicamente las chicas tienen a su favor, en relación a los hombres, elementos genéticos que las predisponen a ser buenas atletas de larga distancia. Y otros elementos que, en esta comparación, les perjudican. Veamos algunos ejemplos:
LAS ARMAS DE ELLA
- Una mujer pesa menos que un hombre, ya que los estrógenos (hormonas femeninas que determinan el crecimiento), se detienen antes que en el caso de los andrógenos (hormonas masculinas).
- La mujer tiene, proporcionalmente, más grasa que el hombre (un 5% más, normalmente, de media, a similutud de metabolismos).
- Al ser al mujer más baja en cuanto a estatura, por regla general, es también más estable al tener su centro de gravedad menos elevado. Al correr, se "balancea menos".
- Una mujer tiene mayor flexibilidad, por lo tanto su movimiento mecánico es más laxo, más fluído. Y se lesiona, aparentemente, menos por esta razón, en comparación a un hombre.
- Psicológicamente, parece comprobado que las mujeres tienen mayor capacidad de sufrimiento, y mayor constancia a la hora de entrenar día a día.
LAS ARMAS DE ÉL
- El hombre tiene más fuerza muscular, y, generalmente, un sistema cardiovascular y muscular mayor que el de una mujer (el corazón de la mujer es hasta un 25% má spequeño que el de un hombre).
- Los hombres suelen ser, por regla general, más competitivo.
- Las mujeres tienen, de media, un 5% menos de hematocrito en comparación a un atleta masculino.Las extremidades superiores del hombre son más largas, por ello favorecen más el ejemplo "palanca" si lo comparamos con la secuencia de carrera a la de una mujer. En cualquier caso, estos datos son, lógicamente, de carácter generalista. Pero de algun modo ponen de relieve cuales son los puntos fuertes de ellos y los de lellas a la hora de afrontar una porque ad efondo. En cualquier caso, lo que si es cierto es que el márgen de mejora de las mujeres es mayor que el de los hombres. Se han incorporado mas tarde a la carrera a pie y al día de hoy, la atletas femeninas entrenan con los mismos medios que los hombres.
Los hombres más rápidos corren más que las mujeres más rápidas, esto es evidente. Para corroborarlo, sólo hay que mirar la tabla de los récords en distancias que van desde los 100 metros hasta los 100 kilómetros. Pero fisiológicamente las chicas tienen a su favor, en relación a los hombres, elementos genéticos que las predisponen a ser buenas atletas de larga distancia. Y otros elementos que, en esta comparación, les perjudican. Veamos algunos ejemplos:
LAS ARMAS DE ELLA
- Una mujer pesa menos que un hombre, ya que los estrógenos (hormonas femeninas que determinan el crecimiento), se detienen antes que en el caso de los andrógenos (hormonas masculinas).
- La mujer tiene, proporcionalmente, más grasa que el hombre (un 5% más, normalmente, de media, a similutud de metabolismos).
- Al ser al mujer más baja en cuanto a estatura, por regla general, es también más estable al tener su centro de gravedad menos elevado. Al correr, se "balancea menos".
- Una mujer tiene mayor flexibilidad, por lo tanto su movimiento mecánico es más laxo, más fluído. Y se lesiona, aparentemente, menos por esta razón, en comparación a un hombre.
- Psicológicamente, parece comprobado que las mujeres tienen mayor capacidad de sufrimiento, y mayor constancia a la hora de entrenar día a día.
LAS ARMAS DE ÉL
- El hombre tiene más fuerza muscular, y, generalmente, un sistema cardiovascular y muscular mayor que el de una mujer (el corazón de la mujer es hasta un 25% má spequeño que el de un hombre).
- Los hombres suelen ser, por regla general, más competitivo.
- Las mujeres tienen, de media, un 5% menos de hematocrito en comparación a un atleta masculino.Las extremidades superiores del hombre son más largas, por ello favorecen más el ejemplo "palanca" si lo comparamos con la secuencia de carrera a la de una mujer. En cualquier caso, estos datos son, lógicamente, de carácter generalista. Pero de algun modo ponen de relieve cuales son los puntos fuertes de ellos y los de lellas a la hora de afrontar una porque ad efondo. En cualquier caso, lo que si es cierto es que el márgen de mejora de las mujeres es mayor que el de los hombres. Se han incorporado mas tarde a la carrera a pie y al día de hoy, la atletas femeninas entrenan con los mismos medios que los hombres.
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